Sabin Salaberri

La vida de Sabin Salaberri (Ibarra de Aramaiona, 1934) puede encuadrarse entre dos polos musicales bien significativos: La música coral y la labor pedagógica; pero todo ello, impregnado de un amor profundo por su pueblo y por sus raíces culturales.
Después de estudiar piano con D. Tomás Echábarri, recoge la herencia de la mayor figura musical de su patria chica, Vicente Goikoetxea, de la mano de su profesor de armonía, D. Julio Valdés, sobrino del maestro reformador de la música religiosa española. Será más tarde Francisco Escudero quien contribuirá a su formación musical. A partir de ahí, la personalidad vital de Carmelo A. Bernaola completarán un conjunto de influencias que han ido formando el entramado esencial de su trayectoria.
Sabin Salaberri ha estado ligado al mundo coral desde su primera juventud, como director primero de la Schola Cantorum del Seminario de Vitoriay luego del Coro Araba, así como compositor y armonizador de un sinnúmero de melodías del folklore popular vasco. Sus obras son ya repertorio común de gran cantidad de coros del País; su exquisito tratamiento vocal, su innato sentido de la armonía, totalmente ajustada a las necesidades y características de la música popular, con un grado de dificultad que no excede de las posibilidades medias de un buen coro, hacen que su producción en este campo pueda figurar con pleno derecho entre las más interesantes de los últimos años.
Su otra ocupación -vocación más bien- se ha centrado en lo que hoy es el Conservatorio Superior de Música “Jesús Guridi” de Vitoria-Gasteiz. Profesor de armonía durante años, ha ejercido también la Jefatura de Estudios con Carmelo A. Bernaola, al que después sustituyo como Director. De estas ocupaciones, es de justicia reconocer su participación en la excelente formación que están demostrando muchos de los alumnos que frecuentaron lo que entonces se denominaba Escuela de Música “Jesús Guridi” Eres Ikastola y que en este momento constituyen parte de una de las más fecundas generaciones alavesas de compositores e instrumentistas.
Aunque, quizá, que se diga todo esto o no, poco importa; lo que se impone es la realidad de una música como la que dos coros “suyos”, el Arabay el Samaniego, alaveses los dos y con los que tantas horas de trabajo e ilusiones ha compartido.
Es impensable hablar de la música alavesa de esta segunda mitad del siglo XX y principios del siglo XXI sin el reconocimiento hacia Sabin Salaberri.
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